Despido por transgresión de la buena fe contractual

El despido disciplinario procedente se produce cuando se extingue el contrato con un trabajador alegando un incumplimiento o falta grave por parte del trabajador. Una de las causas a las que una empresa se puede acoger para aplicar un despido disciplinario a un trabajador es la transgresión de la buena fe contractual o abuso de confianza en el desempeño del trabajo. 

En este caso, el ex magistrado de la sala de lo social del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y abogado laboralista, Luis Gascón Vera, actuó como magistrado tras la negativa de un trabajador a comparecer como testigo en relación a las vacaciones de un tercer trabajador, siendo el único con conocimiento de los hechos respecto de los que se refería la declaración testifical y por lo que recibió un despido disciplinario.

Sentencia de despido por transgresión de la buena fe contractual

En relación con la buena fe contractual en el ámbito de la relación laboral se impone recordar, al hilo de la sentencia del TS de 17 de julio de 2010, que el principio general de la buena fe forma parte esencial del contrato de trabajo, no sólo como un canon hermenéutico de la voluntad de las partes reflejada en el consentimiento, sino también como una fuente de integración del contenido normativo del contrato y, además, constituye un principio que condiciona y limita el ejercicio de los derechos subjetivos de las partes para que no se efectúe de una manera ilícita o abusiva con lesión o riesgo para los intereses de la otra parte, sino ajustándose a las reglas de lealtad, probidad y mutua confianza. 

Este principio general de buena fe se convierte en un criterio de valoración de conductas al que ha de ajustarse el cumplimiento de las obligaciones recíprocas, siendo, por tanto,los deberes de actuación o de ejecución del contrato conforme a la buena fe y a la mutua fidelidad o confianza entre empresario y trabajador una exigencia de comportamiento ético jurídicamente protegido y exigible en el ámbito contractual. Esto lo convierte también en una causa objetiva de despido disciplinario.

Por tanto, la transgresión de la buena fe contractual constituye un incumplimiento que admite distintas graduaciones en orden singularmente a su objetiva gravedad, pero que, cuando sea grave y culpable y se efectúe por el trabajador, es causa que justifica el despido disciplinario. En orden a su graduación se ha de tener igualmente presente que, si bien la inexistencia de perjuicios para la empresa o la escasa importancia de los derivados de la conducta reprochable del trabajador o la no acreditación de la existencia de un lucro personal para el trabajador no tiene trascendencia para justificar por sí solos o aisladamente la actuación no ética de quien comete la infracción, tales perjuicios, junto con el resto de las circunstancias concurrentes, pueda tenerse en cuenta como uno de los factores a considerar en la ponderación de la gravedad de la falta. 

Igualmente, la inexistencia de una voluntad específica del trabajador de comportarse deslealmente, no exigiendo que éste haya querido o no, consciente y voluntariamente, conculcar los deberes de lealtad, siendo suficiente para la estimación de la falta el incumplimiento grave y culpable, aunque sea por negligencia, de los deberes inherentes al cargo; deberes que han de ser más rigurosamente observados por quienes desempeñan puestos de confianza y jefatura en la empresa, basados en la mayor confianza y responsabilidad en el ejercicio de las facultades conferidas. Y en dicha labor de ponderación habrá de estarse a las peculiaridades de cada caso concreto, teniéndose siempre presente el criterio que con carácter general ha sido asentado por constante doctrina jurisprudencial, de que el despido disciplinario, al ser dicha sanción la más grave en el Derecho Laboral, debe evaluarse con un sentido restrictivo.

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